¿RETIRADA?

Desde hace un tiempo hay tropas españolas, hombres inocentes españoles,  en Kosovo. Primero por controlar disturbios, después apoyando la independencia del país a contracorriente del pensamiento de España. 

¿Por qué mantener allí a unos ciudadanos españoles defendiendo una idea contraria a la mayoritaria en España?

El día 19 de marzo, Carme Chacón (Ministra de Defensa) anunció la retirada de las tropas de Kosovo causando un revuelo generalizado; sobre todo en los populares,que consideraron esta acción como un “desprecio constitucional”. 

El secretario general de la OTAN declaró “no estar feliz” con la decisión de España. Según De Hoop Scheffer, no se dan ni las condiciones políticas ni de seguridad necesarias para retirar las tropas, visión no compartida por las autoridades kosovares que han considerado la retirada de las tropas españolas como una prueba de una mejor estabilidad en el país balcánico. La Ministra de Defensa respondió que su conversación con Hoop Scheffer fue totalmente cordial y que éste consideró la retirada como legítima. 

Cuando Chacón en su viaje a Kosovo anunció la retirada de las tropas, Moratinos atendió a la prensa unas horas después sin saber nada del asunto. A mi modo de entender, esta confusión es un gran fallo de comunicación interna. Si los propios miembros del Gobierno no saben lo que declaran ellos mismos, ¿cómo pretenden informarnos a los ciudadanos?

Pero el problema de la salida de las tropas de Kosovo no es solo un asunto interno. Es más, se trata, principalmente, de una cuestión internacional que puede tener muy negativas consecuencias para España en el terreno de la cooperación militar, donde cada gesto es mirado con lupa. Vaya por delante que el Gobierno es coherente al hacer volver a un contingente que debía colaborar con las autoridades de Kosovo, provincia serbia que proclamó su independencia de forma unilateral y que España no reconoce como Estado. Tiene razón la ministra Chacón en que las actuaciones de las tropas de la OTAN en Kosovo son ahora más policiales que militares, por lo que, en ese sentido, nuestra misión ha terminado. Pero lo que ha quedado claro en este incidente es la incapacidad del Ejecutivo español para hacer entender su posición a los aliados de la OTAN y, en especial, a EEUU. En un momento de claro acercamiento a la nueva Administración de Washington, el patinazo en Kosovo puede pesar como una losa en la imagen exterior de España y en el intento, legítimo, de Zapatero de aparecer como un leal socio de Barack Obama en el terreno de la cooperación militar.

El papel al que debe aspirar nuestro país en el mundo no se corresponde con la forma de actuar que ha seguido la ministra de Defensa, Carme Chacón, y que ahonda la visión de España como socio imprevisible o que sólo atiende a los estímulos de la política interior. La revisión de los compromisos internacionales es siempre un asunto difícil de gestionar, y de ahí la importancia de respetar escrupulosamente los procedimientos. Mucho más cuando se trata de los de una organización que, como la Alianza Atlántica, es un club al que se accede de forma voluntaria. Chacón parece no haberlo tomado en cuenta, limitándose a comunicar la noticia al secretario general a través de una llamada telefónica y a hacerla pública en una arenga a las fuerzas sobre el terreno. Tampoco en el ámbito interno ha cumplido la ministra con un mínimo deber de información previa al Parlamento, al que está obligado el Gobierno para enviar tropas al exterior, pero que de igual manera debería servir para los supuestos de repliegue.

La posición de España sobre la independencia de Kosovo es minoritaria en el seno de la Unión Europea. Éste sería un argumento adicional para actuar con un rigor diplomático que se ha vuelto a echar en falta y que, en último extremo, sólo consiste en hacer que coincidan el discurso y las acciones. No tiene sentido que el Gobierno reitere con cualquier pretexto el compromiso de España con la legalidad y las instituciones internacionales si, al mismo tiempo, adopta unilateralmente estas iniciativas, por más que también lo hayan hecho antes otros países.

No fue una buena presentación política a quince días del primer viaje de Obama a Europa y de su primer encuentro con Zapatero, puesto que su cambio de rumbo en política exterior exige socios fiables, como la propia Administración norteamericana ha hecho notar en una reacción suficientemente severa.

Si no se reconoce la independencia de Kosovo, ¿por qué ha mantenido allí las tropas cuando nadie quería que estuviesen defendiendo una idea contraria totalmente a la suya?

¿Por qué no reconoce España la independencia de Kosovo para no tener enfrentamientos y/o tensiones con otros países como E.E.U.U.?

 

 

 

NIEVES PAREJA REPISO

2 Respuestas a “¿RETIRADA?

  1. tu frase final “¿Por qué no reconoce España la independencia de Kosovo para no tener enfrentamientos y/o tensiones con otros países como E.E.U.U.?” no la entiendo, porque precisamente España no reconoce la independencia, y EE.UU. sí, y ahí está, por decirlo de alguna manera el enfrentamiento. ¿A qué te refieres?

  2. Me refiero a que España se preocupó en darle explicaciones a EEUU cuando se tomó la decisión de retirar las tropas. Si el gobierno se siente tan dependiente de lo que opine o deje de opinar EEUU, mejor que reconozca la independencia de Kosovo y EEUU no polemizaría la decisión de retirada. Así volveríamos a ser “amigos” como durante el gobierno de Aznar, alias “my friend ansar”.
    Intentaba ironizar un poco el asunto

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