“Semana en Blanco”

Con 23 años pensé que ya había visto de todo, o de casi todo, hasta que este año asistí a la Semana Santa de Málaga. Sin duda Málaga sorprende por su Semana Santa. En algún que otro paseo por el centro hubo momentos en los que me trasporté a aquella “noche en blanco” madrileña del 21 de septiembre en la que la ciudad deja paso al arte, al teatro, a la música… nada tiene que envidiar esta ciudad sureña a la capital del reino, pues aquí en Semana Santa, se respira ese mismo aire de arte, teatro y música, sobretodo teatro, no del bueno: de aquel hecho con el corazón, sino del malo,del pésimo y grotesco, personas que se desviven ante una imagen o que se desviven por trasportarla. Jamás he vivido algo así, no provengo de una cultura con tradición en la Semana del Señor, pero sí en otras tradiciones, pero que nunca superarán la devoción por un Dios como se vive aquí en Málaga, que llega a rozar los límites del entendimiento humano. Como diría aquella de la época de la movida: “Basta de creer en un Dios que jamás a creído en ti” .

Dejando a parte ese fervor por el arte dramático que padecen muchos malagueños por estas épocas, lo que me superó ,e incluso me asustó, fue el desfile que pasaba rozándome por calle Larios, ¿o debería decir la Plaza Roja de Moscú?. Portaban armas, por suerte de fabricación española (espero al menos que así lo sea) que son de las que no matan, nos informaba Zapatero hace unos pocos meses. El grupo del ejército que participaba en este carnaval Santo, con sus estandartes terminados con una figura de un águila, (me gustaría pensar que no una imperial) cierran parte del circulo que desde antaño creía casi extinto, católicos y ejército unidos. Estoy seguro que si llego a esperar un rato más completo todas las familias, con algún tecnócrata y algún falangista.

Sarcasmos fuera, reconozco que los españoles tenemos una tradición (afortunadamente no todos) católica, que nuestros políticos han intentado apaciguar legislando de acuerdo a los nuevos tiempos que corren, tiempos de mezcla, de influencia, de interculturalidad. Nos declaramos como país aconfesional, que no laico o laicista que es bien diferente. Ahora bien, un Estado aconfesional es aquel que respeta todos los credos de sus ciudadanos, hasta aquí se entiende, pero entonces, ¿por qué tenemos días festivos de acuerdo con la religión católica y no con los budistas, musulmanes y demás religiones? Se mire por donde se mire, España es un país de teorías aconfecionales y prácticas católicas, con una iglesia que pesa mucho en los hombros de nuestros legisladores, a los que no interesa tenerla de enemiga, al parecer.

Ynajo.

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