¿Por amor a la Revolución, o por amor propio?

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“La nación venezolana se construye a partir del imaginario colectivo, es decir, con la construcción simbólica mediante la cual se define e interpreta a sí misma.”
(Dávila, 2005:276)

Apelando al mito de los orígenes, “Somos porque hemos sido”, adherido al sueño de mejorar las condiciones de vida de las clases desfavorecidas, asistimos al nacimiento del detrimento de la propia Venezuela.
La estrategia ideológica radica en aludir al movimiento bolivariano, potenciar el militarismo y sumarle connotaciones socialistas… ¿Mezcla estrambótica?

¿El fin último? Acaparar el poder absoluto, y sembrar gradualmente un régimen fascista disfrazado mediante el término democracia.
Nos trasladamos hacia 1998, año en el cual el exgolpista Hugo Chávez Frías, accede al gobierno, aprovechando la crispación y frustración social de la época. Si el ambiente está cargado de gas…
¡Encendamos una cerilla a ver qué ocurre!

Se trata de aprovechar el contexto, pues la sociedad civil se mostraba inconforme con los partidos políticos tradicionales, que no cumplían con sus expectativas {COPEI (socialcristiano) y AD (socialdemócrata)} a lo cual hay que añadirse una situación económica frágil. Asimismo, Chávez se presenta como liberador anti-sistema.

Su trayectoria como político, deriva en una serie de estrepitosas mentiras respaldadas, recurriendo a un arma de doble filo: la propaganda.
Así pues, haciendo uso de la retórica, desfigura y exagera la realidad, ataca a sus precedentes, y promueve la evasiva de las masas con palabras sentimentalistas vacías, a través de las cuales ha camuflado durante una década sus verdaderas pretensiones:
“No ha existido democracia, sino dictaduras de cogollos que deciden por el pueblo y contra el pueblo”… ¿Paradójico?

La política actual de Venezuela se erige sobre los once principios de la propaganda políta, ya definidos por Goebbles para designar la estrategia ideológica nazi.
Considero un tanto egoísta el hecho de aludir a la necesidad que tiene un pueblo de autodefinirse, recurriendo al sentimiento idílico que les une, para alcanzar las pretensiones ambiciosas de un charlatán con camisa “roja”, y eclipsarlo con promesas de un futuro próspero que probablemente nunca se materializará en presente.

Eugenia Ortiz

Una respuesta a “¿Por amor a la Revolución, o por amor propio?

  1. Por amor te dejo el comentario, jajajaja!!

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