Porque hay que tener a alguien a quien admirar.

Desde siglos inmemoriales hemos sido custodiados por ángeles divinos que aun sin poseer alas vigilaban y conducían nuestros designios, a estos ángeles les vamos a llamar Reyes. Por otro lado, la historia siempre ha dado al pueblo un jefe máximo a quien responder de nuestros actos, a estos jefes les vamos a llamar presidentes.

Si se trata de manifestar los pros y contras de una forma de gobierno u otra, pondríamos como ejemplo a Francia, que pasó por un amplio recorrido de ilustres reyes, a quienes amaban y veneraban todos los franceses, pero que con el paso de los años y la sed insaciable que da el poder y la autoridad, les llevó a una inevitable decadencia y a una falta de respeto incalculable que, con el paso de los años, ha germinado en un territorio libre y soberano.

Realmente, no tengo mayores antecedentes sobre monarquía más que la que he leído en los libros y la que me ha dado los ocho años de residencia  en este país; pero sí que tengo en mi memoria antecedentes de República (nací en Ecuador) y, en cuanto a derecho político se refiere, si he entendido bien su definición, no encuentro diferencia entre una y otra. Siempre hay un intocable, tanto en una monarquía como en una república, un diplomático innato… sino mirad a Chávez…, que no propone aunque da la cara por todos, pero que cuyas funciones se limitan a promulgar leyes, lo que le pasa también a muchos presidentes de estado siempre a la espera de la creatividad de sus asesores (al fin y al cabo para eso están) o de un jefe aún más supremo, pero que no dejan de ser simples monigotes denominados “Símbolos de unidad”.

De la misma manera puede aplicarse otra definición a los presidentes de las repúblicas, la de Soberanos, ya que si la soberanía la ejercemos los ciudadanos y todos a la vez no podemos gobernar, tenemos que elegir, obviamente, a un Soberano que nos represente y dirija el país. Por lo cual, como en las monarquías, también tendríamos un representante.

En definitiva, monarquía o república, según mi veredicto, son conceptos íntimamente relacionados, siempre hay una figura que nos representa, con más o menos poder de decisión, y en ninguno de los casos existe una figura que encarne todas nuestras decisiones y deseos, pues en los dos casos, tras unas elecciones, siempre hay un ganador que representa a una mayoría pero no a una totalidad.

Lady Muñoz Rodríguez

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