Liberté, égalité, et fraternité

La forma de Estado de una nación, puede consolidarse conforme a dos cauces:

¿República o Monarquía? Esa es la cuestión.

Nuestro país, se define en el artículo primero de su propia Constitución (1978):

Articulo 1:
“1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.
2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
3. La forma política del Estado español es la Monarquía Parlamentaria.”

La Monarquía Parlamentaria, se rige por medio de una vía hereditaria de mantenimiento. Se encuentra limitada en cuanto a la ejecución de poder, pues éste radica en el propio Parlamento, quedando relegado al gobierno.
El rey es imagen, no poder. Su cometido consiste en moderar y regular a las instituciones, remitiéndonos al artículo 56 de la Constitución española en vigor, además de ejercer una labor representativa en el ámbito internacional. Asimismo, se ubica por encima de la lucha política. Su figura se engloba del más absoluto simbolismo.

La República remite a un sistema presidencialista, contando con el apoyo popular, en base a un sufragio universal, directo y secreto.
Las ventajas de esta forma de Estado residen en que La República, se constituye íntegramente como la viva expresión del pueblo, el cual en el caso de verse sumergido en el error al elegir, cuenta con el derecho a manifestarse, a fin de fomentar el cambio pertinente, en la Jefatura de “su Estado”.

Han transcurrido 78 años desde aquel 14 de abril, en el que los españolitos de a pie se levantaron para proclamar, lo que todo ser humano anhela: la libertad. Concretamente, nos referimos al “renacimiento” de La República española, vigente entre los años 1931 y 1939.
Fue una época de reformas sociales y educativas, que abarcó conceptos tales como el progreso, la democracia, la modernidad, y la igualdad. De hecho, el vuelco social fue tan grande, que la gente no estaba preparada para asimilar tales cambios, en función de las circunstancias de la época.

Constitución de La República Española (1931):

Artículo 25.” No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios.”

Constitución española (1978):

Artículo 65. “El rey recibe de los presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su Familia y Casa, y distribuye libremente la misma.”

En mi opinión, pese a que nuestra Constitución recoge la soberanía popular, considero que tales términos podrían exponerse entre comillas.

El simple hecho de que exista una persona no electa, la cual goza de determinados privilegios, distantes del alcance de muchos de nosotros, me resulta no parcial, sino totalmente contradictorio. No obstante, seguimos refugiados en el tradicionalismo…

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“La República (…) proclamada el 14 de abril fue la República de todos los españoles. Olvidarlo la perdió…” Alcalá- Zamora.

Eugenia Ortiz

Una respuesta a “Liberté, égalité, et fraternité

  1. Sinceramente, me ha encantado…
    Muy bien razonado y con argumentos.

    Mola!

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