Por coherencia con la Costitución

República o Monarquía. Algunos hablan de una diferencia en la esencia de la elección del Jefe del Estado, pero ambos regímenes se diferencian en algo más que en eso. No soy de los que atribuye el fracaso a la II República, considero que fue un hecho anacrónico, ocurrido en una sociedad que aún no estaba preparada para dar esos pasos gigantes en materia de igualdad, justicia social y descentralización del poder. Así pues, asistimos a su final, tras esos pasos tan importantes, pocos años después de su creación.

La Constitución de 1978 nos declara a todos iguales, tal cual nos declaraba la II República. En el articulo 14 del texto Magno, se expone claramente lo siguiente:

 

Artículo 14 de la Constitución:

“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquiera otra condición o circunstancia personal o social.”

 

Partiendo de la base de la democracia española asistimos a una seria contradicción ¿por qué yo no puedo ser rey?, simple y llanamente, porque no nací en el seno de la familia real, entonces pues, me siento discriminado por razón de nacimiento, me siento discriminado por no poder optar en un país libre y democrático a llevar la jefatura del Estado.

El carácter vitalicio del título de Jefe del Estado debería desparecer, es un poco absolutista y de eso ya estamos curados. El poder radica en el pueblo, que es libre y soberano (y cada vez menos tonto), con capacidad para decidir y comprender la funciones de un jefe y de un presidente. Desde la clase política se huele miedo, a mi pensar, en poner fin a la institución alegando procesos complicados para la reforma constitucional y lo que es peor, un enorme gasto en convocar elecciones. No quiero meterme en camisa de once varas, pero no se ve una intención por parte del Gobierno de aplicar el artículo 14 tal cual se expresa.

Por último quiero señalar que me siento condenado a agradecer hasta la eternidad, como su dinastía, la actuación del Rey durante el intento de golpe de estado el 23-F. Esta condena y culpa que llevamos los españoles encima no tiene razón de ser, si bien es cierto que su actuación fue la correcta, pero también es la que le correspondía como Jefe del Estado. En cambio, me siento profundamente triste al pensar en lo que se había logrado en los años de republicanismo en España y que se perdió en el lodo durante una dictadura, para recuperarlo en la década de los 70.

Concluyo posicionándome a favor de la república, primero por su carácter sufragista para elegir a todos los representantes y segundo para estar en concordancia con la Constitución, quiero ser igual que cualquier español.

 

Ynajo.

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