La actitud miserable del PP con Cataluña

Artículo publicado en elplural.com · Para leerlo pinche aquí.

Reconozco que el título de este artículo puede pecar de amarillismo. Sin embargo, si atendemos al comportamiento real del partido de Rajoy, puede que incluso se quede corto, porque en política se pueden entender muchas estrategias, pero lo que nunca se debe aceptar es perder la coherencia con un proyecto propio, o no tener más proyecto que la destrucción del adversario. 

Es incoherente, cuando no mezquino, recurrir ante el Tribunal Constitucional el Estatut de Catalunya, mientras se acepta y se ha defendido el andaluz, por ejemplo, que contiene muchos artículos semejantes política y jurídicamente al catalán. Además, por un lado Cospedal presiona para una sentencia rápida, mientras por otro, impide la renovación de magistrados que están desde hace demasiado tiempo desempeñando su puesto en funciones. Por ello se apela a la “miserabilidad” del PP en el título.

Este Partido Popular nos tiene muy habituados ya a estas contradicciones, a estos digo blanco en Madrid, negro en Sevilla y azul en Barcelona. Sin embargo, esta postura ante el Estatut no responde sólo a la naturaleza trilera de este partido conservador (por decir algo) y polimórfico, sino a una acusada catalanofobia, de la mayor parte del PP, de raíces hundidas en el rancio nacionalismo español cuyo error histórico fundamental es afirmar España sobre la negación de las distintas identidades y culturas peninsulares.

Desde una postura aséptica institucional, no es conveniente a estas alturas presionar al Constitucional o intentar atajos jurídicos para sacar adelante este estatuto de autonomía, y me refiero a que no creo que sea del todo decoroso que se trate de influir a los magistrados en su decisión desde los distintos partidos políticos.

No obstante y a pesar de ello, sería conveniente explicarle al PP que en caso de que el Estatut sea considerado no-constitucional, habría que reformar la Constitución para que pueda serlo. Esto es porque realmente los estados-nación no son realidades estáticas ni estancadas en estructuras tradicionales (aunque basen en ello gran parte de su justificación histórica), sino que todos los estados, para su propia supervivencia en el tiempo, deben evolucionar y transformarse junto a la sociedad y sus demandas. Cuando un Estado no evoluciona, es el primer síntoma de su declive. Por tanto, si el Estatut no cupiese en la Constitución, habría que hacer esta más grande.

Alfonso Cortés González, profesor de Comunicación Política y Publicidad en la Universidad de Málaga

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