la realidad y la política

artículo de Beatriz Gimeno publicado en elplural.com
Para leerlo en su versión original pinche aquí.

El sábado 12 se celebró en Madrid una manifestación sindical cuya principal reivindicación era que la crisis no la paguen los de siempre. También, en esta misma semana se han presentado en mi empresa las candidaturas para elegir delegados sindicales. Perdónenme que cuente algo personal, pero la concurrencia de esos dos sucesos me ha hecho pensar mucho. Utilizo el caso de mi empresa como ejemplo que conozco, pero con seguridad ocurre lo mismo en muchas otras. La empresa en la que trabajo es una empresa de servicios que da empleo a más de cien trabajadores.

La mayoría de ellos son gente de clase media con estudios superiores. Durante seis años he sido delegada sindical de CC.OO junto con otros dos compañeros. Cuando me presenté por primera vez no había manera de confeccionar las listas, nadie quería presentarse. Creo que en toda la empresa, aparte de mí, hay otros dos trabajadores afiliados a un sindicato, no más. En estas elecciones, como todo el mundo está muy nervioso por culpa de la crisis y tiene miedo a los despidos sobran los voluntarios a delegado porque creen que así no se les puede despedir.

Y es ese proceso el que me ha hecho pensar. De repente, muchos querían ser delegados sindicales, pero no sabían por qué sindicato. Lo único que parecían tener claro es que no querían incorporarse a una lista que llevara los nombres de CC.OO o de UGT porque son, decían, “sindicatos políticos” y aquí todos dicen ser apolíticos. Como necesitan un sindicato buscaron en el tablón de anuncios y encontraron un sindicato ignoto que incluía la palabra “libre” en su nombre. Como son apolíticos, se decantaron por un sindicato que es pro empresa, amarillo y de derechas. Les daba igual un sindicato qué otro; no saben para qué sirve un sindicato, jamás se les pasaría por la cabeza afiliarse pero, eso sí y tengo esa experiencia, en el momento en que les despiden la primera queja es para los sindicatos, no para quién les ha despedido, ni para quién abarató los despidos, ni permitió el despido libre. Además, siempre “exigen” asesoramiento y asistencia letrada gratuita. Y por cierto que como aquí todos son apolíticos afiliados sindicales no hay pero votantes de Rosa Diez, en cambio, hay varios.

Después, mira por donde, algunas de las personas que se incorporaron a las listas son aquellas que se han caracterizado por ser los menos solidarios, los menos preocupados por lo colectivo, los más preocupados por ellos mismos. Pero, ante mi sorpresa, muchos de los compañeros y compañeras lo prefieren así; de nuevo repiten su mantra: mejor nadie “político” que eso lía las cosas. La gente piensa que en momentos de crisis, aquellos que mejor saben cuidar de sí mismos, a costa de lo que sea, cuidarán mejor de todos. Comprendí perfectamente por qué -salvando las distancias- la gente vota a los corruptos o a Berlusconi. Si han sido listos para hacerse ricos, para robar, a lo mejor nos hacen ricos a todos, a lo mejor se nos pega algo, a lo mejor aprendemos.

Así que he llegado a la conclusión de que lo que nos pasa, todo lo que nos pasa como sociedad, nos lo merecemos o, al menos, se lo merecen muchos. Se lo merecen todos esos que pudiendo saber no quieren saber, los que pudiendo informarse no se informan, los que pudiendo entender no quieren entender. La mayoría de la gente ignora absolutamente cómo se está construyendo una realidad que nos va cercando poco a poco. Creen que esto de la crisis, de los despidos, del precio de la vivienda, de las hipotecas eternas y los trabajos breves y precarios se debe a una especie de concatenación de fuerzas oscuras que se forman no se sabe cómo ni por qué, y que se conjuran siendo más egoísta y más listillo que el vecino. No saben que es su increíble ignorancia, alegremente asumida, lo que les convierte en monigotes en manos de los que saben perfectamente lo que está pasando porque la realidad la construyen ellos, y lo hacen en su beneficio. Y así será hasta que ya no podamos tragar más. En realidad, si diez millones de personas saliéramos un día a la calle a decir Basta las cosas tendrían que cambiar. Pero la gente no sale a la calle porque eso, dicen, es hacer política. Por eso el sábado 12 salimos treinta o cuarenta mil venidos de toda España. Así que he llegado a la conclusión de que lo que nos pasa no es todavía ni la mitad de lo que nos puede pasar; y cuando nos pase ya podemos esperar sentados a Rosa Díez.

Beatriz Gimeno es escritora y ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales

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