La mafia del lobby farmacéutico

Publicado en el plural.com
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Soy consciente de que, en términos profesionales y académicos, la palabra lobby se refiere a un tercero que diseña la estrategia de un grupo de presión para influir en los decisores políticos. Sin embargo, este es el término con el que la mayor parte de las personas estás familiarizadas para referirse a estos grupos interesados en influir en la legislación y en la toma de decisiones. Es por eso, la forma de titular este artículo.

Puede parecer, a priori, que este tema está desfasado y que no conviene publicarlo porque no forma parte de la rabiosa actualidad, y por tanto de la agenda de esta semana. Nada más lejos de la realidad, ya que es precisamente ahora, cuando los gobiernos europeos están tratando de colocar, a precio de saldo, los millones de vacunas contra la gripe A que nos han sobrado, a los países no desarrollados.

El uso del miedo es uno de los recursos más antiguos y efectivos en la comunicación de masas, que no ha dejado de utilizarse para cualquier fin, en las campañas para hacer de las personas marionetas que bailen al son de los intereses de los poderes fácticos. Sobre este tema, recomiendo un libro muy interesante del sociólogo Enrique Gil Calvo titulado El miedo es el mensaje.

Pues bien, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva años empleando esta técnica persuasiva para salir beneficiada, exprimiendo del temor de las personas beneficios multimillonarios. Si nos fijamos, ese trabajo tradicionalmente ha sido el de la mafia, que sembrando el temor, conseguía, por ejemplo, que un comerciante le encomendase la protección de su negocio al mismo grupo del que estaba aterrorizado.

Quienes estamos familiarizados con las estrategias de comunicación, afortunadamente no sucumbimos, esta vez, ante esta campaña del miedo. Yo mismo recomendé a familiares y amigos no hacer ni caso a esto de la gripe A, y ni siquiera me vacuné siendo asmático, incluso cuando me lo recomendó mi médico. Además, pude comprobar como en mi entorno había personas aterrorizadas con que ese virus letal les alcanzase, y claro, cuando alguien se muere de miedo no racionaliza, y es mucho más fácil de manipular su conducta. Había quienes pensaban que incluso el Gobierno de España estaba haciendo demasiado poco.

Éste es el quid de la cuestión. Las técnicas modernas de presión (lobby), ya no tratan (sólo) de influir en los líderes políticos, sino (fundamentalmente) en la opinión pública, porque es más fácil convencer o atemorizar al conjunto de la opinión pública (que al ser un grupo tan grande y heterogéneo, no es experta en nada en concreto) que al gabinete de un político que dispone de asesores expertos en distintas áreas. Tema de otro debate sería la predisposición de algunos políticos a trabajar por los intereses de estos grupos, pero yendo al hilo de este artículo, y como estamos en países en los que afortunadamente la gente pone y quita gobiernos, los grupos de presión se han dado cuenta de que convenciendo a la población, ésta presionará y exigirá a sus propios gobiernos que tomen medidas. Similar a la estrategia que siguen las campañas publicitarias dirigida a los niños.

Por ello, España compró 37 millones de vacunas, y Francia, peor aún, casi 100 millones (ración doble, siguiendo la recomendación de la OMS de dos vacunas por persona). Una vez que se ha comprobado que el miedo era infundado e interesado, hay que revender en las rebajas este botiquín inservible.

Lo que deberíamos hacer es pedir responsabilidades y aplicar la ley. No es justo que se quiera colocar estas vacunas a países más pobres, cuando las farmacéuticas se han embolsado entre 5.000 y 7.000 millones de euros. Y sólo con la gripe A, sin tener en cuenta la porcina.

Por tanto, siguiendo la misma lógica de estas campañas de presión, deberíamos exigir a nuestros gobiernos que lleven a los juzgados a la OMS para saber si nos han estafado deliberadamente o no. En cualquier caso, y aunque la OMS no hubiese actuado de mala fe, debería devolvernos el dinero, como hacen los grandes almacenes, puesto que la mercancía no nos satisface. Porque si juegan a organización comercial, deben responder como tal. Si los gurús de la OMS no quieren que le pidamos este tipo de responsabilidades, que no se metan en negocios. La dialéctica de mercado es así.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación Política y Publicidad en la Universidad de Málaga

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