Comunicación en política y política en la comunicación

No soy una persona entendida en política, ni siquiera demasiado interesada en ella. Mi interés en la actualidad política se reduce a aquellos aspectos en que me afecta directamente –como, supongo, le ocurre a todos en primera instancia- o en cuanto esta disciplina de regir la sociedad, que muchos sitúan a medio camino entre la ciencia y el arte, colisiona con otros ámbitos en los que me encuentro más interesado.
El propio mundo de la política me atrae en la medida en que la actualidad ésta se presenta como un espectáculo. Este hecho me parece digno de análisis y capta mi atención en cuanto que no es más que una herramienta comunicativa por la cual se ha de hacer presente en la vida de los ciudadanos, destinatarios de la comunicación política y, en última medida, electores. Este espectáculo está creado para llegar a sus destinatarios del mismo modo en que un día lo hicieron los cuentos populares o las manifestaciones religiosas en forma de procesiones. Ahora, una sociedad ya adulta se enfrenta a las pretendidas verdades que los nuevos gurús políticos tienen que comunicarles en forma de un teatro de ficción, a través estructuras narrativas de fácil comprensión y lecturas asumidas por un público cada vez más alienado por la ficción de los medios de comunicación de masas. La comunicación política de los dirigentes hacia el pueblo ha de pasar por los media tradicionales así como por los nuevos mecanismos de intervención social, siempre pasando por el filtro del modo de transmisión de mensajes que su público será capaz de asumir y comprender: la utilización de símbolos e iconos, la sobrerrepresentación, la narrativa audiovisual o el storytelling. ¿Realmente se consigue que la acción política alcance a los ciudadanos? ¿Se ensucia ésta con la utilización sistemática de elementos persuasivos?
Por otra parte, se me hace presente prácticamente a diario aquel tipo de comunicación que emana de la sociedad hacia aquellos que la rigen. Nos encontramos ahora en una época de incertidumbre en la que no hay técnicas infalibles para hacerse oír. Una época en la que es teóricamente fácil tener voz –o espacio en los medios- pero se hace bastante complicado ser escuchado. No queda claro cuáles son los nuevos mecanismos de manifestación social, en un momento en que parece que sólo hay espacio para los que siempre han sido escuchados, y que pueden directamente ejercer su presión sobre el gobierno de turno. Para la sociedad alejada de la acción política, esta etapa pasa por la experimentación por parte de los colectivos, una nueva forma de creatividad en tiempos de crisis, la constatación de que ciertos medios legalmente reglados han quedado obsoletos para la consecución de sus fines. ¿Dónde quedan estas voces que nunca son tenidas en cuenta por los mandatarios? ¿Qué queda del esfuerzo en ocasiones desmedido?
La información política ha perdido su efectividad por todos los mecanismos de adscripción a la información que ya han sido sociológicamente descritos. Los modelos teóricos de influencia social antaño considerados infalibles ya han sido descartados. Ahora la información política se transmite a través de los artículos editoriales de los periódicos, mucho más atractivos y completos que las propias informaciones; llega a los ciudadanos a través de los nuevos líderes de opinión sin importar su autoridad en el tema; impregna de forma colateral cada uno de los aspectos de nuestra vida cotidiana. Está vigente siempre aunque presentándose de una forma que no pueda ser percibida como tal, se aparece al ciudadano como un agente más con la única particularidad de que afecta a infinidad de campos, pero quizás nunca lo hace de forma determinante u ocupa el centro de la información. ¿Es la propia comunicación política una nueva forma de entretenimiento? ¿Se concibe como un instrumento que evada incluso la atención sobre la propia actividad política? ¿Es la información siempre de propaganda en una u otra forma?
Declaraciones políticas en actos sociales alejados de esta actividad; influencia de reconocidos artistas sobre el partido del gobierno; veto ministerial a los documentales de la televisión pública; reconocimientos culturales motivados por el enfrentamiento político; información política que reporta datos de audiencia históricos a cadenas de televisión; las soluciones del famoso de turno para la gestión del país; la ruptura de la separación entre poderes;… son ejemplos de cómo la política se hace presente en el día a día. Quizás evitando ciertos problemas. Quizás magnificando algunos de ellos. Quizás presentando en sí misma una solución para los mismos. Quizás únicamente dejando pasar el tiempo hasta las próximas elecciones…

Pablo E Medina Suárez

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