Debate Zapatero – Rajoy 2008

El desarrollo del debate electoral entre los candidatos a la presidencia española en 2008 entre los líderes de los dos partidos mayoritarios, J.L. Rodríguez Zapatero del PSOE y M. Rajoy del PP, es más un intercambio de acusaciones y de alabanza hacia las políticas del propio partido que una propuesta de cambio. De esta forma, al igual que se hace desde el texto del programa electoral, al Presidente del Gobierno le corresponde hacer valer sus logros políticos y al Secretario General del partido de la oposición hacer la crítica de todo aquello que no se ha resuelto conforme a sería deseable. Del mismo modo se ponen sobre la mesa temas que no siempre son comprobables por parte de los ciudadanos, lo que correspondería con vincular hechos concretos a acciones que se venían realizando con anterioridad y que sin embargo no salieron a la luz pública, con lo cual parece que cualquier acción positiva podría ser la consecuencia de una excelente gestión anterior en la sombra, y cualquier mal resultado podría ser solucionado con una gestión diferente. En el extremo opuesto, cualquier mal resultado sería consecuencia de una pésima gestión del gobierno anterior, y cualquier logro político una hazaña partiendo de las malas condiciones de partida. Aquí es donde entra la capacidad de persuasión de uno u otro líder para hacer ver al espectador –aún asumiendo que siempre se parte de una predisposición y el cambio de opinión es prácticamente imposible- las cosas de la forma en que convienen a unos intereses concretos y es donde entran en juego factores más halla –y quizá más importantes- que los meramente políticos.

Al respecto de propuestas concretas, estas no se ponen sobre la mesa más que en forma de ejemplarización, ya sea a través de la crítica o el halago a uno mismo. Es una forma de hacer valer la superioridad del propio partido frente al adversario sin comprometerse en absoluto, hacer ver lo negativo del contrario de manera tal que eso baste para convencer a los ya adscritos a nuestra ideología sin hacer ninguna propuesta que pueda crear controversia o desigualdad de opiniones dentro de los mismos. La relación de estas propuestas con el programa electoral se puede efectuar directamente a través de una revisión de dichos documentos, en los cuales la estrategia es similar a la que siguen los líderes en el desarrollo del debate. Así, el programa del Partido Socialista recoge en los diferentes temas tratados cuáles han sido sus avances y cuál su intención de continuar este desarrollo, pudiéndose permitir adelantar propuestas desde su posición de superioridad al ya encontrarse en el poder y saberse en cierto modo con el apoyo de los ciudadanos. Sin embargo, el programa electoral del Partido Popular es mucho más vago en sus propuestas, centrándose en gran medida en la crítica a la gestión realizada durante los cuatro años anteriores y realizando afirmaciones en forma de propuestas de cambio que están vacías de contenido y son meros deseos, en principio, deseables por cualquier grupo político. Es de esta misma forma como se realizan las intervenciones de Mariano Rajoy, de una forma tensa y excesivamente crítica, tirante, pero sin aportar nada nuevo que pueda hacer a los ciudadanos inclinarse por las ideas de este partido. La sabia respuesta del líder del PSOE es responder siempre en la misma forma en que ha recibido el ataque, haciendo uso de la demagogia y del recurso fácil pero haciendo evidente lo vacío de algunos de dichos ataques por parte del líder del PP.

Por mi formación anterior a esta licenciatura, me parece muy interesante la parte que también del resumen del debate electoral en que se recoge algo que fue muy comentado en los días siguientes: cómo ambos líderes debieron modificar la manera en que realizaban sus intervenciones según las recomendaciones de sus asesores. Y es que si bien previamente todo está controlado a todos los niveles, y me refiero ahora principalmente al campo de la imagen, el vestuario, la propia telegenia, la expresión oral y corporal, etcétera; es importante saber adaptarse sobre la marcha a las respuestas del contrario, algo que en ocasiones es complicado evaluar desde dentro e inmerso en lo acalorado del debate. Si bien resulte algo frío un cambio de actitud que fuera demasiado evidente, quizás siempre sea mejor esto que continuar con una estrategia que, ya en directo, se está comprobando que no está dando los frutos deseados. Además del propio carisma de uno u otro líder, y ambos se mostraban excesivamente tensos en el encuentro, a nuestros representantes les falta una gran dosis de saber comunicar las ideas que pretenden transmitir. Y es que, como en cada acto también queda demostrado en este debate, en política quizás es mucho más importante la manera en que se cuenta algo que lo que propiamente se está contando.

Pablo E Medina Suárez

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