Un sufragio híbrido

El sistema electoral alemán es el producto de la deliberación de las potencias  de ocupación después de la Segunda Guerra Mundial. Les parecía el sistema que aseguraba mejor la democracia en el nuevo estado y por lo tanto contiene muchos mecanismos que impiden el abuso de poder o la anulación del estado de derecho por la ofuscación colectiva del pueblo.

Por ejemplo, ni el jefe del gobierno (el canciller) ni del estado (el Presidente de la República Federal), están elegidos directamente por el pueblo. Los alemanes meramente votan por los partidos que entran al Bundestag (el parlamento alemán) y Bundesrat (reunión de los fracciones gobernantes en los estados federados). Esos parlamentarios entonces eligen el canciller y el presidente.

El sistema electoral a nivel nacional, es decir la elección del Bundestag, es una especie de mezcla entre los sistemas mayoritarios y proporcionales. Se llama “sufragio proporcional personalizado”. Cada votante tiene dos votos. Con el primero elige directamente un diputado de su distrito electoral. Ese voto corresponde con el sistema mayoritario, cómo existe en EEUU o Reino Unido. Beneficia sobre todo a los candidatos de los partidos grandes, porque únicamente el candidato con más votos en su distrito entra en el parlamento, y este suele ser un miembro de los partidos grandes, el CDU o el SPD. El primer voto es la parte “personalizada” del sufragio.

El segundo voto se da al partido preferido por el votante. Después de los mandatos directos conseguidos por el primer voto, se distribuyen proporcionalmente los mandatos indirectos del segundo. Para hacer valer esos, un partido tiene que subir un umbral de cinco porcientos de los votos. Los partidos que cruzan ese umbral distribuyen los escaños ganados a sus candidatos que no han obtenido un mandato directo según sus puestos en las listas electorales. El segundo voto es la parte “proporcional” de la elección en Alemania. Sistemas estrictamente proporcionales se encuentran por ejemplo en muchos países de América Latina.

Una particularidad que surge del derecho electoral de Alemania son los llamados mandatos excedentarios (Überhangmandate). En el Bundestag hay por ley 598 escaños. Si, por ejemplo, un partido consigue un 30% de los votos segundos, tendría el derecho a 179 escaños. Pero si ese mismo partido obtiene por el primer voto 200 mandatos directos, esos equivalen un 33,4% de los escaños parlamentarios. Los 21 escaños excedentarios se añaden a los 598 prístinos y así cambian el total del número de diputados. Eso es un punto flaco del sufragio alemán que está criticado muchas veces, porque la creación de nuevos mandatos por ese mecanismo es constitucionalmente problemática.

Aparte de esa particularidad, sin embargo, el sistema electoral de Alemania me parece bastante justo, porque une los puntos fuertes del sistema mayoritario (impide fragmentación extrema; el votante puede comprender directamente lo que pasa con su primer voto) con los del sistema proporcional (cada voto tiene el mismo peso).

Ruth Asan

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