Sistema electoral español

Partiendo de la base de lo que un sistema electoral pretende, o por lo menos, lo que nosotros, la ciudadanía deberíamos esperar de él, hay dos objetivos fundamentales que tiene que cumplir, uno facilitar la conformación de gobiernos eestables, y dos que represente con veracidad las preferencias políticas del electorado.

Un sistema que no refleja la realidad

Por un lado, podemos decir, que parece que el primer objetivo se cumple, por lo menos en la corta y reciente historia de nuestra democracia, pero es en el segundo donde entra la polémica, ya que la composición del Congreso de los Diputados en realidad no refleja con veracidad absoluta las fuerzas políticas que deberían ocupar esos puestos. Es probable que esto ocurra por el peso excesivo que se le da algunos partidos políticos y votos, concentrados en una determinada Comunidad Política, que como bien sabemos, suelen ser de carácter nacionalista. Aunque uno de los problemas más graves erradica en la proporción de las circunscripciones que determina que la proporción es mayor cada vez que aumenta el tamaño de la circunscripción. Por ejemplo, en 2004 Soria necesitaba 26.177 votos para conseguir un diputado, mientras que Madrid 127.386. Es decir, el voto de un madrileño en la práctiva tiene un peso unas cinco veces inferior que el voto de un soriano. Y la Constitución establece la igualdad de voto como uno de los derechos fundamentales de los españoles. Lo cual dificulta mucho a partidos que realmente si tienen peso en esa región, alcanzar tan si quiera para conseguir un diputado cuando realmente un gran número de personas, y estamos hablando de miles de personas en muchos casos, así lo han querido.

Con lo cual al final acaban saliendo los aspectos negativos de un sistema como el español. Por un lado favorece totalmente a los dos grandes partidos del país PP Y PSOE sin representar fidedignamente las preferencias políticas del electorado. Por otro beneficia a los partidos nacionalistas (curiosa ironía que el sistema español beneficio a aquellos que no comparten un sentimiento unificado del país, aunque esta ironía es culpa del sistema y ni mucho menos de ellos) lo cual les otorga la que viene pasando frecuentemente, que es una posición negociadora, muchas veces son claves para la formación de gobiernos. Y desde luego al final los grandes perjudicados son los “partidos de segunda” que no se ven justamente representados apesar de el número de votos diga, aunque sea ligeramente, lo contrario.

Como contrapuesta creo que una de las principales cosas que deberían cambiarse para obtener un sistema más proporcionalmente justo es el sistema de Hondt por el sistema de Sainte-Lague Modificado. Es muy similar al sistema de Hondt pero no favorece tanto a los partidos más votados y permite mediante un cálculo diferente, que un mayor número de mayorías tengan la posibilidad de ingresar en el Parlamento.

Así como también revisar la representación de algunas Comunidades Autónomas que aunque sea ligeramente, se ven beneficiadas por el sistema actual.

Alejandro Plaza Galofré (SÉNECA)

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