“Democracia” vs democracia

Existe una concepción errónea de la población con respecto a varios aspectos del sistema electoral, por una parte, la creencia de que una persona es igual a un voto, debido a que no todos los votos tienen el mismo valor.
En España se utiliza una división por circunscripciones y un método matemático, llamado Ley D’Hont, para repartir los representantes dentro de cada circunscripción.
Cada circunscripción es una división electoral dentro de un país, implica a una provincia, a la que le corresponde un número determinado de representantes teniendo en cuenta también la población. Pero realmente solo son 248 los escaños que se distribuyen en función de la población, debido a que la Ley electoral sitúa en dos el mínimo de escaño por provincia, por lo que del total se asignan desde un principio 102 escaños a las diferentes provincias, incluyendo Ceuta y Melilla.

El método de la ley D´Hont perjudica a los partidos minoritarios y ayuda a la consagración de un modelo bipartidista en el que PSOE y PP tienen el protagonismo, por lo que deja en entredicho la concepción del sistema como democrático.
Además ambos protagonistas se benefician de la consideración de la mayoría de la población de ver como inútil el voto al resto de partidos minoritarios, ya que la fortaleza de ambos partidos tiene como resultado el imposible acceso al poder del resto, no cabe la posibilidad de que terceras fuerzas políticas accedan al gobierno.
Los presidentes de los dos partidos mayoritarios reconocen que la Ley electoral posee aspectos mejorables, pero en mi opinión ninguno de los dos partidos tiene intención o interés en que se realicen las pertinentes modificaciones, debido al beneficio que obtienen con esta situación.

Otra creencia errónea implica a las lista de representantes de cada provincia. En cada circunscripción, los diferentes partidos presentan una lista con los representantes de la organización en esta, la ciudadanía vota por tanto, a sus representantes provinciales y no como se suele pensar, a los candidatos a la presidencia. Además las listas son cerradas, por lo que las personas votan realmente al partido y no a una persona determinada.

Para IU la gran perjudicada, existe una sobrerrepresentación de las provincias con menor número de población sobre el resto y por ello pide bajar a uno el mínimo de escaños que se asigna a cada provincia, además apuesta por el abandono del sistema electoral D’Hont porque según ellos no aporta garantías suficientes de proporcionalidad.

Como he afirmado anteriormente, se pone en entredicho por tanto, la idea del sistema electoral y del sistema en general como verdaderamente democrático. Pero además, se me plantea una duda: ¿Realmente la ruptura del bipartidismo supondría la consolidación de este sistema como realmente democrático en función de la concepción de democracia como la voluntad del pueblo?

Violeta Espinosa Torrontegui

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