Deformación pública

No hace mucho fui un experto en hipotecas, sin darme cuenta, poco a poco. Euríbores, TAES, desgravaciones fiscales, amortización de capital, a tanto el metro cuadrado, hipotecas puente, hipotecas regresivas, ¿el 80 o el 100%?, seguros de casa, de vida. Poco a poco, lenta pero inexorablemente, me fui sumergiendo en un mundo nuevo. Nos fuimos sumergiendo en un mundo nuevo. Compro esta casa por catorce millones de pesetas y la vendo en doscientos cincuenta mil euros. Con esto pido una hipoteca de ciento cuarenta mil y me compro una de trescientos cincuenta mil euros.  Joder, qué fácil es ser “broker”. Por supuesto, era tema central de conversación en cenas y reuniones con amigos “brokers”. Continuamente retroalimentados por más euríbores y TAES nos convertimos en Florentinospérez y en Sacyresvallehermosos. El mundo se movía al son del dinero.

Ahora soy un experto en economía financiera, en mercados, en bolsas e indicadores, en IBEX 35, en Paul Krugman, en déficits, en balanzas comerciales, en financiación de deuda, en ataques especuladores, en Goldman Saches y derivados, y en los derivados que nos han hundido, en manos invisibles, en cañones y mantequilla y en Keynes. Por supuesto, en las cenas con amigos solemos hablar de estos temas, aunque ya no somos “brokers”, una verdadera pena. De nuevo estamos sumergidos en un mundo nuevo. El mundo que se mueve al son de los parquets, –¿se escribe así?–.

Hay cosas que sé por que alguien quiere que las sepa. A los bancos les interesó que supiese de ciertas cosas y las acabé sabiendo. A los mercados financieros les interesa que sepa que la cosa está muy mal y que hay que apretarse el cinturón, si te queda pasta para comprarte uno, –hay gente a la que no–. Y lo acabamos sabiendo. Y de camino te cuelan lo que haga falta, por que ya sabemos todos, la cosa está muy mal. Los medios generan opinión pública, y yo diría que también formación pública, o deformación pública, no sé. Eso sí, para todos, y todos la misma. Llamémosle globalización de la agenda.

También sé lo que preocupa a Mariano Rajoy. Le preocupan las mismas cosas que a cualquier ciudadano normal. Y también sé lo que preocupa a José Luís Rodríguez Zapatero, que la derecha no arrima el hombre, y hombre, así no se puede.

Por cierto, de lo que hace mucho que no se nada, es de ataques de perros a personas. A lo mejor es que se han vuelto civilizados.

Eduardo Cholvis.

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