La cuestión de los toros

Artículo publicado en elplural.com
Enlace: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=49153

La votación de esta semana en el Parlament de Cataluña, ilegalizando la tortura festiva contra los toros, es ya un hito histórico. Y lo es precisamente por ser esta fiesta un símbolo del país, con larga tradición y apoyada por algunos sectores de la sociedad (para nada mayoritarios). Ahora bien, reducir la identidad nacional española a las corridas de toros, como pretende el PP, es no sólo miope sino injusto con nuestra imagen de país en el mundo. En realidad, la imagen proyectada al exterior de los topicazos españoles nos ha perjudicado ya que siempre han solido redundar en que somos poco trabajadores, que estamos todos los días de siesta y viendo los toros, y esto merma la confianza de “lo español” fuera de nuestras fronteras a la hora de cerrar acuerdos.

Evocar a lo tradicional de la tauromaquia lo considero un argumento fácil e insostenible al mismo tiempo. Si repasamos la historia de la civilización, las tradiciones siempre han estado muy vinculadas a la violencia, y por eso de alguna forma, muchas veces no nos percatamos de esa violencia cultural en nuestros ritos (y no sólo en los taurinos), que legitimamos bajo el manto protector de la fiesta y la tradición.

Sin embargo, una muestra de desarrollo, de progreso histórico y de evolución civilizadora es ir superando y aboliendo esa violencia cultural y tradicional. Por tanto, desde el punto de vista humanista, es muy coherente y razonable eliminar la violencia de los símbolos sociales, de la alegría y de la fiesta colectiva.

En la Roma imperial era tradición y fiesta echar a pelear hasta la muerte a gladiadores entre sí o frente a fieras como leones. Eso en la Italia actual ya no es legal, y sin embargo, el gladiador sigue siendo un símbolo (romántico y comercial) de la península itálica, y esos episodios siguen estando muy vivos en nuestra retina gracias al cine y la literatura, sin necesidad de empujar a nadie a su muerte sangrienta por diversión.

La guillotina, por su parte, es también un símbolo de la Revolución Francesa, y a pesar de que el espíritu de dicha revolución es símbolo nacional en Francia (en sus monedas y timbre sigue apareciendo el lema “Liberté, Égalité, Fraternité”) no hace falta pasar a nadie por la guillotina para reivindicar lo francés. Eso ya lo tienen superado. Aquí creo que tarde o temprano pasará lo mismo: superaremos los toros sin complejos provincianos.

Y una vez que demos ese paso, en esa España en la que no se torturan toros por diversión y espectáculo, el toro bravo (al igual que la guillotina) seguiría siendo un símbolo nacional, por decirlo de algún modo, histórico y comercial, pero eso sí, sin daño con alevosía contra un animal.

Por estos motivos, creo que esta decisión del Parlamento de Cataluña es muy valiente y oportuna y puede servir de ejemplo a otras comunidades. En mi opinión, esto sería un paso civilizado y muestra de desarrollo de nuestra historia como país. Ahora bien, podríamos discutir también sobre una tercera vía: No prohibir las corridas como tales, pero si prohibir el daño contra el animal y su muerte como espectáculo. Creo que es un tema interesante para reflexionar este mes de agosto. Que pasen un mes estupendo, y hasta septiembre.

Alfonso Cortés González es profesor de Comunicación Política en la Universidad de Málaga

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