El problema no son los liberados

artículo publicado en elplural.com
enlace: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=50748

Estamos viviendo una crisis en Europa, eso está claro. Sin embargo, casi toda la atención se queda en su dimensión económica y descuidamos su dimensión política. Y es que la política en el continente se está poniendo muy fea, cuestión que se manifiesta en una sangrante pérdida de derechos adquiridos por los asalariados, en el resurgimiento de discursos fascistas en líderes políticos supuestamente demócratas aunque conservadores y en una izquierda que hace políticas muy de derechas.

Es abiertamente fascista que una presidenta de comunidad autónoma arremeta contra los sindicatos, llamando parásitos a los sindicalistas liberados, siendo personas que en teoría trabajan para mejorar las condiciones laborales de los asalariados. Habrá quien sea un parásito y habrá quien no, pero no se puede dilapidar de esta forma la figura del liberado sindical. Existen policías corruptos y sin embargo cuando hablamos de la policía no nos referimos a ellos como “esa panda de corruptos con pistolas”, porque sería un ataque a la verdad, además de peligroso. Pues igual pasa con los liberados: son necesarios.

Es normal, justo y deseable que un trabajador esté liberado de su empleo para poder dedicar sus horas de trabajo a la defensa y promoción de los derechos de sus compañeros. Estar liberado no significa no trabajar, significa dedicar las horas de trabajo a la defensa de los compañeros. Ahora bien, no seamos necios: quien debe poner firmes a los liberados sindicales (por decirlo de algún modo) no es Esperanza Aguirre y su tropa de palmeros idiotas (y digo idiota en el sentido griego del término), sino los propios trabajadores que han elegido a ese compañero para que les representen. Y aquellos trabajadores que no se interesan por el sindicato y sus derechos laborales, son también unos idiotas (otra vez en el sentido griego) porque no están haciendo nada por ellos mismos. Los trabajadores debemos entender que es vital para nosotros que tengamos liberados sindicales, pero de los buenos y trabajadores, y es responsabilidad nuestra exigirlo y exigírnoslo.

Por otro lado podríamos y deberíamos discutir sobre el papel y forma de actuar de los sindicatos, tema que apunté superficialmente en mi artículo del 16 de junio en este mismo diario, y que tendremos que volver a tratar en estas semanas, pero que por cuestiones de formato no me cabe en este texto. Les pido disculpas por ello.

Volviendo al hilo central del artículo, podríamos hablar también de los liberados de la Iglesia Católica, de los liberados de la patronal o del sueldo de más de 600€ al día de Cospedal. La cuestión es que de estos liberados no hablamos porque hacen bien su trabajo, y hacen bien su trabajo porque quien los libera, al mismo tiempo les pide cuentas. Eso es lo que tenemos que hacer los trabajadores: pedirles cuentas, y muchas, a nuestros liberados sindicales, pero nunca renunciar a ellos. Y esto es vital en el juego de poderes que supone una sociedad compleja, en la que nos guste o no, siguen existiendo clases. Botín sólo hay uno, pero dosmileuristas que se creen Botín y aplauden a la Aguirre hay demasiados.

Alfonso Cortés González es profesor de ‘Comunicación Política’ y de ‘Comunicación y Sociedad’ en la Universidad de Málaga
www.alfonsocortes.com

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